Un planteo bajo riego alcanzó un rendimiento histórico para la provincia. Planificación agronómica, inversión y manejo de precisión explican una cifra inédita para el cultivo de trigo en San Luis.

La última campaña triguera dejó resultados destacados en distintas regiones del país, pero San Luis sorprendió con un rendimiento récord: 81 quintales por hectárea en un ambiente históricamente considerado marginal para el trigo. El logro se dio en un planteo bajo riego que combinó tecnología, decisiones de alto riesgo y una ejecución precisa en cada etapa del cultivo.
El resultado marcó un techo productivo para la provincia y volvió a poner en discusión el potencial agrícola de zonas que, hasta hace pocos años, quedaban fuera de los planteos tradicionales.
Un trabajo integral, sin atajos
“El trigo en San Luis fue noticia porque alcanzamos un rendimiento techo”, explicó el ingeniero agrónomo Martín Ibarra, uno de los responsables técnicos del proyecto. Lejos de atribuir el éxito a un solo factor, remarcó que se trató de un sistema que funcionó de principio a fin, sin improvisaciones.
La experiencia fue posible gracias a un esquema de trabajo conjunto: la empresa Cinco María impulsó el cultivo, Renovales Group, encabezado por Marcos Gasman, llevó adelante la operación a campo, y el diseño agronómico estuvo a cargo de Filo Campo.
El clima y el agua, aliados estratégicos
El contexto climático también jugó un rol determinante. Un invierno con lloviznas frecuentes y temperaturas moderadas durante el período de llenado de grano acompañaron el desarrollo del cultivo.
A eso se sumó un punto clave: el trigo arrancó con el perfil hídrico completo hasta los dos metros, gracias a las lluvias otoñales que llegaron tras un verano extremadamente seco. Esa condición inicial permitió aprovechar al máximo el sistema de riego durante el ciclo.
Decisiones de alto costo y alto potencial
El riego implica una inversión elevada, por lo que desde el inicio el objetivo fue claro: apuntar a rendimientos máximos. En una zona sin antecedentes en trigo pan —con referencias previas solo en trigo candeal, de menor rinde— el equipo decidió avanzar igual.
Se utilizó un trigo de ciclo corto, sembrado entre el 9 y el 12 de julio, con la variedad Alerce (Don Mario). El manejo incluyó alta densidad de siembra, tratamientos completos de semilla, fósforo arrancador y una fuerte estrategia de fertilización nitrogenada, con 300 kilos totales aplicados entre siembra y macollaje.
Manejo fino y sanidad cuidada
El control temprano de malezas, el manejo preciso del riego y la protección sanitaria fueron determinantes. Se aplicaron fungicidas en hoja bandera y se monitoreó de forma permanente el estado del cultivo.
“El suelo respondió muy bien. En la siembra se observaban lombrices, un indicador claro de buena actividad biológica”, detalló Ibarra, subrayando la importancia de la salud del suelo en este tipo de planteos.
Calidad, aprendizajes y lo que viene
Aún restan conocerse los parámetros finales de calidad industrial del grano, cuyos análisis se encuentran demorados. En rindes tan altos suele aparecer cierta dilución, aunque el resultado final todavía está bajo evaluación.
Más allá del número, la experiencia dejó un mensaje claro para el sector: no hay recetas mágicas, pero cuando un sistema está bien diseñado y ejecutado, el potencial aparece. El riego, pese a sus costos y limitaciones financieras, se consolida como una herramienta clave para ganar previsibilidad y eficiencia.
En San Luis, este trigo récord dejó una señal concreta: incluso en zonas marginales, el techo productivo puede ser mucho más alto de lo esperado.
