Especialistas advierten sobre el impacto del uso problemático de las redes sociales en niños y adolescentes. Ansiedad, aislamiento, alteraciones del sueño y dificultades para desarrollar vínculos reales aparecen entre las principales señales de alarma.

El crecimiento del uso de las redes sociales y los dispositivos móviles entre niños y adolescentes volvió a poner el foco sobre una problemática que preocupa cada vez más a familias, docentes y profesionales de la salud mental: las consecuencias que el entorno digital puede generar cuando comienza a reemplazar las experiencias de la vida cotidiana.

De acuerdo con el informe Kids Online Argentina 2025, elaborado por UNICEF y UNESCO, el 46% de los chicos de entre 9 y 17 años manifestó haber tenido algún inconveniente relacionado con el uso de internet, los teléfonos celulares o los videojuegos.

Los especialistas coinciden en que el desafío ya no pasa únicamente por la cantidad de horas frente a una pantalla, sino por el modo en que ese consumo modifica la forma de aprender, vincularse y gestionar las emociones.

Cuando la tecnología comienza a interferir en la vida diaria

Desde la psicología sostienen que el uso de las redes se vuelve problemático cuando afecta aspectos esenciales de la vida cotidiana.

Las dificultades para estudiar, el aislamiento social, el abandono de actividades recreativas, los conflictos familiares y el incremento de la ansiedad son algunas de las situaciones que pueden indicar que la relación con el mundo digital dejó de ser saludable.

Los profesionales también observan un fenómeno que se vuelve cada vez más frecuente: adolescentes con dificultades para sostener una conversación presencial, mantener contacto visual o desenvolverse en situaciones sociales simples.

Según explican, muchos jóvenes crecieron resolviendo gran parte de sus interacciones a través de aplicaciones y pantallas, reduciendo las oportunidades de desarrollar habilidades sociales fundamentales.

El efecto de la dopamina y la búsqueda constante de aprobación

Otro de los aspectos que genera preocupación es el funcionamiento de las redes sociales sobre el sistema de recompensa del cerebro.

Cada «me gusta», comentario positivo o interacción activa mecanismos vinculados con la liberación de dopamina, una sustancia relacionada con el placer y la motivación.

Los especialistas advierten que esa dinámica puede llevar a muchos adolescentes a asociar su autoestima con la aprobación que reciben en el entorno digital, construyendo una imagen personal condicionada por la cantidad de seguidores, reacciones o visualizaciones.

Esta necesidad permanente de reconocimiento puede generar frustración, dependencia emocional y dificultades para desarrollar una identidad sólida fuera de las redes.

El anonimato y el crecimiento de la violencia digital

El informe también pone el foco sobre el impacto del ciberacoso y los discursos agresivos que circulan en internet.

A diferencia de lo que ocurre en una interacción presencial, el anonimato y la distancia física disminuyen la percepción del daño que puede sufrir la otra persona.

Como consecuencia, aumenta la probabilidad de que las agresiones escalen, favoreciendo situaciones de hostigamiento, bullying digital y desafíos virales de riesgo impulsados por referentes o perfiles anónimos.

Los especialistas remarcan que la falta de consecuencias inmediatas puede reducir los mecanismos naturales de empatía y autocontrol.

Qué señales deben observar las familias

Los profesionales recomiendan prestar atención a cualquier cambio significativo en los hábitos de niños y adolescentes.

La negativa repentina a asistir a la escuela, alteraciones del sueño, cambios en la alimentación, abandono de actividades que antes disfrutaban, aislamiento social, episodios de ansiedad, ataques de pánico o síntomas físicos sin causa médica aparente pueden constituir señales de alerta.

Frente a estas situaciones, aconsejan fortalecer el diálogo familiar antes que recurrir únicamente a medidas restrictivas, promoviendo un uso responsable de la tecnología mediante límites claros y espacios de conversación.

Un desafío creciente para la salud mental

Diversos estudios internacionales proyectan que los trastornos vinculados con la salud mental tendrán un peso cada vez mayor en los próximos años.

En ese contexto, los especialistas consideran que el gran desafío será lograr un equilibrio entre los beneficios que ofrece la tecnología y la necesidad de preservar los vínculos humanos, el desarrollo emocional y las habilidades sociales.

Mientras el mundo avanza hacia una mayor conectividad digital, advierten que resulta indispensable fortalecer también la conexión con las personas, la comunicación cara a cara y los espacios donde niños y adolescentes puedan construir relaciones saludables fuera de las pantallas.

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