Este jueves, el Concejo Deliberante de la Villa de Merlo tuvo su primera sesión real con la nueva conformación del cuerpo. No fue una jornada de grandes sorpresas en lo político, pero sí dejó escenas que llamaron la atención de propios y ajenos.

La flamante concejal Lucía Miranda, debutante en el recinto y representante de un espacio político que supo tener fuerte peso provincial, fue quien concentró buena parte de las miradas durante la sesión. Su intervención estuvo marcada por una sucesión de desacoples formales y conceptuales que expusieron, más que una posición política clara, un evidente desajuste con las dinámicas legislativas locales.

A lo largo del debate, Miranda incurrió en confusiones sobre el funcionamiento del cuerpo, la composición de las minorías y el encuadre normativo de los temas tratados. En uno de los pasajes más comentados, llegó incluso a minimizar —sin intención aparente— el rol parlamentario de un colega, desconociendo su lugar dentro del esquema institucional. Errores que suelen pagarse caros en un ámbito donde la precisión es parte del oficio.

La concejal se mostró por momentos ansiosa, con intervenciones extensas y poco conectadas con el temario en discusión, trayendo a colación asuntos que no guardaban relación directa con el tratamiento en curso. Esa dinámica derivó en un cruce con la edil oficialista María José Álvarez, quien respondió con solvencia técnica y política, dejando en evidencia la diferencia de rodaje entre ambas.

Vale señalar que Álvarez conoce el recinto, sus tiempos y sus códigos. En ese escenario, cualquier intento de protagonismo apresurado suele quedar expuesto. No se trata de estilos, sino de experiencia. Y en política institucional, el apuro rara vez es buen consejero.

El debut de Miranda pareció más orientado a generar impacto inmediato que a construir una intervención sólida desde lo legislativo. Una estrategia que ya se vio en etapas anteriores del Concejo, pero que esta vez dejó más títulos implícitos que argumentos consistentes.

Curiosamente, la sesión coincidió con el aniversario del campeonato mundial obtenido por la Selección Argentina. Tal vez en ese clima simbólico de épica y protagonismo, hubo quien intentó jugar un partido grande desde el minuto cero. El problema es que, en política local, como en el fútbol, primero hay que acomodarse a la cancha antes de encarar el arco.

La experiencia se construye sesión a sesión. El Concejo Deliberante no suele perdonar la improvisación, pero siempre ofrece revancha a quienes entienden que escuchar, aprender y observar también son parte del juego democrático.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *