La decisión de comprar los animales para la Fiesta Nacional de la Carreta y los 101 Chivos en Quilino generó un fuerte reclamo de la Asociación Turística de Carpintería. El Municipio sostiene que consiguió un precio más conveniente y que eso permitió contener el valor de la tarjeta. El conflicto expone una discusión más profunda: ¿una fiesta turística debe mirar solamente el costo o también el impacto económico que genera en la comunidad que la organiza?

La Fiesta Nacional de la Carreta y los 101 Chivos vuelve a poner a Carpintería en el centro de la agenda turística de la Costa de los Comechingones. Pero esta vez, antes de que se enciendan los fuegos y comiencen a girar las parrillas, la polémica ya está servida.

El motivo tiene cuatro patas y pesa varios kilos: los chivos que se utilizarán en la edición 2026 fueron comprados en Quilino, Córdoba, según informó el propio intendente Gastón Herrera. La gestión estuvo a cargo de la secretaria de Gobierno, Verónica Sacaba, quien viajó especialmente hasta esa localidad para concretar la compra. El argumento oficial fue económico: allí se consiguió un precio “muy competitivo” que permitió mantener en $40.000 el valor de la tarjeta para el público.

La explicación puede cerrar en una planilla de costos. El problema es que, para parte del sector turístico y productivo de Carpintería, la fiesta no es solamente una planilla de costos.

“¿Y los productores de acá?”

La Asociación Turística de Carpintería salió públicamente a cuestionar la decisión y expresó su “profundo repudio y malestar institucional” por la compra de los chivitos fuera de San Luis.

En su planteo, la entidad sostiene que una celebración de la dimensión de la Fiesta Nacional debería funcionar también como una herramienta para sostener la producción local y regional.

El reclamo apunta directamente a la lógica utilizada por el Municipio: si el objetivo de la fiesta es generar movimiento turístico y económico, sostienen, también debería contemplarse cuánto de ese dinero vuelve a las familias productoras de la región.

Y ahí aparece la pregunta incómoda para la gestión Herrera: si Carpintería organiza una fiesta cuyo principal atractivo gastronómico es un producto tradicional de la zona, ¿el ahorro en la compra alcanza para justificar que los animales lleguen desde otra provincia?

La discusión no es menor. La propia documentación sobre la cadena caprina de San Luis reconoce históricamente que la demanda de la fiesta excede la capacidad de abastecimiento local en determinados momentos y que, por eso, se incorporaron chivitos provenientes de Córdoba.

Pero una cosa es que exista una dificultad productiva y otra es que la decisión se convierta en una cuestión de principios sobre qué se quiere promover cuando el Estado organiza una fiesta popular.

El ahorro municipal contra el derrame local

El Municipio tiene un argumento concreto: comprar más barato permite reducir costos y sostener el precio de la tarjeta en $40.000. Esa explicación fue dada públicamente por Herrera al anunciar la compra.

El sector privado plantea otro criterio: una fiesta nacional no debería medirse únicamente por cuánto cuesta organizarla, sino también por cuánto movimiento económico deja en la localidad y en la región.

Y ese es, probablemente, el verdadero centro de la discusión.

Porque la fiesta convoca visitantes, vende gastronomía, mueve alojamiento, genera consumo en comercios y pone a Carpintería en el mapa turístico. La edición 2026 está prevista para el domingo 11 de octubre y forma parte del calendario de grandes celebraciones de la provincia.

Entonces, la pregunta deja de ser solamente cuánto cuesta cada chivo.

La pregunta pasa a ser quién se beneficia con los millones que moviliza una fiesta de estas características.

El contraste con la política turística provincial

El planteo adquiere otra dimensión cuando se lo compara con el discurso que viene sosteniendo el Gobierno provincial.

Claudio Poggi viene colocando la articulación público-privada en el centro de su política económica y turística. En la presentación de la temporada 2026-2027, el Gobernador señaló expresamente que el trabajo conjunto debía involucrar a hoteleros, gastronómicos, comerciantes, emprendedores y guías, con la premisa de que si al sector privado le va bien, se genera trabajo.

El 30 de septiembre volvió sobre la misma idea y afirmó que la articulación entre el Estado y la actividad privada es una política que su gestión busca llevar adelante en distintos sectores, incluido el turismo.

Incluso en marzo, la Provincia había constituido una Mesa Sectorial de Turismo, Esparcimiento, Industrias Culturales y Comercio con la participación de actores privados de toda la provincia.

Por eso, la decisión de Carpintería abre un contraste difícil de ignorar.

Mientras la Provincia plantea que el Estado debe trabajar codo a codo con el privado, en Carpintería el sector turístico cuestiona que una compra central para su fiesta insignia se haya realizado fuera de San Luis.

No es necesariamente una contradicción jurídica. Es, sobre todo, una diferencia de criterio político y de modelo de gestión.

¿Una fiesta para ahorrar o para hacer crecer a Carpintería?

La gestión municipal puede defender que consiguió un mejor precio. Es un dato válido.

Pero el sector turístico también tiene derecho a preguntar si el menor precio de compra es el único indicador que debería utilizar un municipio cuando organiza una fiesta que pretende ser motor del turismo local.

Una política turística no debería terminar cuando se contrata un artista, se arma un escenario o se compra la materia prima para un almuerzo multitudinario.

También debería preguntarse qué pasa con el productor que está a pocos kilómetros, con el comerciante que espera una buena temporada, con el gastronómico, con el prestador turístico y con cada familia que depende de que el visitante gaste en Carpintería.

Ese es el reclamo que acaba de poner sobre la mesa la Asociación Turística.

Y el Municipio deberá responder algo más que cuánto costó cada chivo.

Deberá explicar qué lugar ocupa el sector privado local dentro de su política turística y cuál es el modelo de desarrollo que pretende para Carpintería.

Porque una fiesta puede tener miles de visitantes, una grilla artística atractiva y una tarjeta a precio competitivo.

Pero si el Estado que la organiza termina comprando afuera lo que pretende mostrar como identidad productiva propia, la discusión sobre el sentido de la fiesta recién empieza.

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