La histórica Escuela N°64 “Francisquita Lucero”, ubicada en pleno centro de la Villa de Merlo, fue parcialmente demolida durante el último tramo del gobierno de Alberto Rodríguez Saá. Hoy, mientras algunos sectores intentan reescribir la historia, vuelve una pregunta que incomoda: ¿quién dio la orden?

En las últimas horas volvió a instalarse en la agenda pública una discusión que durante mucho tiempo pareció quedar archivada: qué ocurrió realmente con la histórica Escuela N°64 “Francisquita Lucero”, uno de los edificios más emblemáticos y queridos de la Villa de Merlo.
Y la respuesta, lejos de las reinterpretaciones políticas que hoy intentan imponer algunos sectores vinculados al PJ merlino, es clara: la demolición fue impulsada y ordenada durante la gestión del ex gobernador Alberto Rodríguez Saá.
Una escuela histórica en pleno corazón de Merlo
La “Francisquita Lucero” no era un edificio más. Se trataba de una institución profundamente ligada a la identidad cultural y educativa de Merlo, ubicada además en un punto neurálgico de la ciudad.
Su valor histórico y patrimonial era ampliamente reconocido por la comunidad. De hecho, meses antes del inicio de la demolición, el Municipio de Villa de Merlo había incorporado al edificio dentro del grupo de inmuebles históricos protegidos, considerándolo intangible y no modificable debido a su importancia arquitectónica y simbólica.
Sin embargo, esa protección fue ignorada.
El proyecto del Centro Cívico y la decisión política de avanzar igual
El Gobierno provincial de entonces anunció la construcción de un supuesto “Centro Cívico Provincial” y eligió como ubicación el predio donde funcionaba la escuela.
Pese al rechazo social que comenzó a crecer rápidamente entre vecinos, docentes y parte de la comunidad educativa, la gestión provincial avanzó con la demolición.
La situación tomó aún más gravedad porque el gobierno de Rodríguez Saá atravesaba ya el tramo final de su mandato tras haber perdido las elecciones, lo que aceleró las decisiones y las obras.
Según recuerdan distintos actores políticos y sociales de aquella época, la intención era avanzar rápidamente antes del cambio de gobierno.
La intervención del Municipio evitó una destrucción total
Uno de los episodios que hoy vuelve a tomar relevancia fue la negativa del entonces intendente Juan Álvarez Pinto a autorizar los planos de construcción vinculados al proyecto provincial.
Esa decisión administrativa terminó frenando parcialmente la intervención y permitió que una parte del edificio histórico no fuera completamente destruida.
Sin esa resistencia institucional, sostienen distintas voces locales, la escuela habría desaparecido por completo.
Una obra inconclusa y bajo sospecha
Lo que vino después terminó profundizando aún más el malestar social.
El prometido Centro Cívico nunca fue finalizado y la obra quedó convertida en una estructura inconclusa en pleno centro de Merlo.
Además, el proyecto quedó posteriormente envuelto en cuestionamientos judiciales y denuncias vinculadas a presuntas irregularidades administrativas y desaparición de fondos públicos durante el final de la gestión provincial anterior.
Mientras tanto, la histórica escuela quedó reducida a fragmentos de lo que alguna vez representó para generaciones enteras de merlinos.
La memoria y la disputa política
El resurgimiento de este debate no es casual. Detrás de la nueva discusión pública aparecen sectores políticos vinculados al PJ merlino y alineados históricamente con Alberto Rodríguez Saá, quienes buscan desligarse de las responsabilidades políticas sobre la demolición.
Sin embargo, para gran parte de la comunidad local, los hechos son difíciles de borrar.
La demolición de la “Francisquita Lucero” sigue siendo recordada como una de las decisiones más cuestionadas de los últimos años en Merlo, no solo por el valor histórico perdido, sino también por la forma en que se avanzó sobre un patrimonio cultural protegido y profundamente arraigado en la identidad de la ciudad.
