La central obrera ingresó en una etapa de “receso” en la antesala del debate por la reforma laboral impulsada por el gobierno de Javier Milei, una iniciativa que genera un rechazo casi unánime en el sindicalismo. La estrategia, según reconocen puertas adentro, apunta a reordenar fuerzas y ganar tiempo de cara a un tratamiento previsto recién para febrero en el Senado.

La CGT de receso estival

Desde la CGT aseguran que la postergación no es casual y se la adjudican a la presión ejercida en el plano institucional y político, con articulaciones que incluyeron a gobernadores y legisladores. Mientras tanto, la conducción sindical sostiene el rechazo al proyecto, al que califica como regresivo y flexibilizador, y advierte que beneficia principalmente a los grandes grupos empresarios sin garantizar una mejora real en la creación de empleo.

Uno de los puntos que atraviesa la interna cegetista es la dificultad para profundizar medidas de fuerza. Un paro nacional aparece, por ahora, como una carta guardada: la falta de consenso pleno en las bases y el hecho de que una parte de los trabajadores acompañe al oficialismo limitan el margen de acción.

Con febrero en el horizonte, la CGT apuesta a reactivar la discusión con una estrategia combinada: Congreso, Justicia y calle. El interrogante sigue abierto sobre hasta dónde está dispuesta a llegar la central obrera en un escenario social y político cada vez más fragmentado.

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