Estudios revelan que 1 de cada 10 adultos en nuestro país tiene diabetes tipo 2, pero muchas personas todavía no saben que la padecen.

La diabetes afecta la forma en que el organismo metaboliza la glucosa, el azúcar que circula en la sangre y que constituye una de las principales fuentes de energía del organismo.
Existen distintos tipos de diabetes. La tipo 1 suele aparecer con mayor frecuencia en niños y adolescentes, mientras que la diabetes tipo 2 es la forma más frecuente en adultos y adultos mayores y está relacionada con factores genéticos, ambientales y vinculados al estilo de vida.
¿La diabetes tiene síntomas?
Existen algunos síntomas clásicos que pueden indicar que algo no está funcionando bien:
- Poliuria: necesidad de orinar con mucha frecuencia.
- Polidipsia: aumento de la sed.
- Polifagia: aumento del hambre.
- Pérdida de peso sin una explicación aparente.
Sin embargo, no todas las personas presentan síntomas claros.
En algunos casos, los cambios aparecen de manera gradual y pueden terminar incorporándose a la vida cotidiana sin que la persona los identifique como una señal de alerta.
Por eso los controles de salud periódicos son importantes. Un análisis de laboratorio puede ayudar a detectar alteraciones y actuar a tiempo.
Una enfermedad que necesita un abordaje integral
En diabetes, el tratamiento no se reduce simplemente a tomar una medicación.
La alimentación, la actividad física, la medicación y la educación en diabetes forman parte de un abordaje integral.
El objetivo es lograr un buen control de la glucemia y reducir el riesgo de complicaciones que pueden afectar diferentes órganos y sistemas del organismo, incluyendo los vasos sanguíneos, el corazón, los nervios, los ojos y los riñones.
Por eso, aprender sobre la enfermedad también es parte del tratamiento.
Y entonces, ¿qué puedo comer?
Esta suele ser una de las primeras preguntas que aparecen después de un diagnóstico.
La respuesta no pasa simplemente por hacer una lista de alimentos «permitidos» y «prohibidos».
Importa qué comemos, cuánto comemos, cómo combinamos los alimentos y cómo los preparamos.
Por ejemplo, no es lo mismo comer una milanesa con una porción abundante de puré de papa que acompañarla con una ensalada de lechuga, cebolla, huevo y papa fría.
La combinación de los alimentos puede modificar la respuesta del organismo a la absorción de la glucosa y la forma en que esta aumenta en sangre.
Incorporar una porción abundante de verduras crudas o cocidas, junto con legumbres o cereales integrales que aportan fibra, puede ayudar a mantener un mejor control de la glucemia luego de comer.
Costumbres que deberíamos modificar
Hay determinados alimentos y bebidas que forman parte de nuestra vida cotidiana y que conviene revisar cuando buscamos mejorar el control de la glucemia.
Entre ellos aparecen las gaseosas, aguas saborizadas, cerveza, golosinas, mate endulzado con azúcar, pan blanco y galletitas de agua.
Pero cambiar estos hábitos no significa dejar de disfrutar.
¿Qué podemos elegir en su lugar?
En cuanto a las bebidas, la primera opción debería ser siempre el agua.
También podemos preparar una limonada o elegir bebidas sin azúcar.
En el caso del mate o las infusiones, una alternativa es acostumbrarse progresivamente a consumirlas amargas. También existen otras opciones para endulzar.
Comer también forma parte de nuestra vida social
Muchas de las comidas que aparecen en reuniones, encuentros familiares o juntadas con amigos tienen hidratos de carbono.
Pan, medialunas, pizza, empanadas, pastas, papas fritas y distintos tipos de sándwiches forman parte de situaciones que compartimos habitualmente.
Pero tener diabetes no significa que haya que dejar de disfrutar de esos momentos.
Se trata de aprender a combinar los alimentos, conocer las mejores formas de prepararlos y encontrar estrategias que permitan un mejor manejo de la enfermedad.
Un error frecuente: pensar que dejar de cenar es la solución
«No ceno».
Muchas personas creen que saltearse la cena puede ser una buena estrategia cuando tienen diabetes o quieren controlar la glucemia.
Pero reemplazar una comida completa por fruta, una infusión con galletitas, tostadas o simplemente «picar algo» puede no ser la mejor opción.
Una alternativa puede ser preparar una comida sencilla y completa: por ejemplo, verduras cocidas acompañadas de huevo, pollo o pescado.
La idea no es comer cada vez menos, sino aprender a organizar mejor las comidas.
No existe una única alimentación para todas las personas
Tampoco debería permanecer la sensación de que con diabetes «no puedo comer nada».
Conocer cómo afecta lo que comemos, cómo lo preparamos y cómo combinamos los alimentos puede abrir un abanico de posibilidades para disfrutar mucho más del momento de comer mientras se trabaja sobre el manejo de la enfermedad.
«Tenés que dejar las harinas».
«Comprá todo diet».
Hay mucha información dando vueltas y no siempre resulta sencillo distinguir qué puede servirnos y qué no.
Por eso, el acompañamiento profesional puede ayudar a ordenar toda esa información y convertirla en decisiones concretas para la vida cotidiana.
Antes de terminar
⚠️ La información compartida en esta columna tiene fines educativos y de divulgación. No reemplaza una consulta médica, nutricional ni profesional individual. Un resultado de glucemia elevado debe ser interpretado por un profesional de la salud teniendo en cuenta el contexto clínico y los estudios correspondientes.
Si alguna vez te hiciste un análisis y te encontraste con una glucemia más alta de lo esperado, seguramente aparecieron muchas preguntas.
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