Mientras se acerca la Fiesta Nacional de la Carreta y los 101 Chivos, la compra de animales en Córdoba reavivó una discusión que va más allá del precio de la tarjeta. La gestión de Gastón Herrera supo promover la Góndola Municipal como herramienta para respaldar a productores locales. Hoy, ante las críticas, la respuesta es otra: el mercado manda. ¿Qué pasó con aquel discurso?

En Carpintería, los fuegos ya empiezan a arder antes de que los chivos lleguen a las parrillas. Algunos se encienden en los asadores; otros, en las conversaciones de un pueblo que discute una decisión municipal que no pasó inadvertida: comprar en Quilino, Córdoba, los animales destinados a la Fiesta Nacional de la Carreta y los 101 Chivos.

El intendente Gastón Herrera defendió la operación con argumentos económicos. Según explicó, la compra permitió conseguir un precio competitivo y mantener en $40.000 el valor de la tarjeta. La Municipalidad también sostuvo que los productores de San Luis no cuentan con la logística necesaria para entregar más de 200 animales en simultáneo, con cadena de frío y los menudos requeridos para la preparación de la chanfaina.

Son argumentos que la gestión puede exponer y que merecen ser evaluados con números. Pero hay una pregunta que Herrera todavía debería responder con la misma claridad con la que anunció el ahorro: ¿dónde quedó el discurso de promoción de la producción local que su propia administración supo levantar?

La Góndola Municipal: cuando el compre local era una bandera

No hace falta viajar demasiado lejos en el tiempo para encontrar otro discurso del mismo intendente. En 2020, la gestión de Carpintería puso en marcha una Góndola Municipal destinada a dar espacio a productos elaborados por emprendedores de la localidad. La iniciativa fue presentada como una herramienta para visibilizar la producción local y acercarla a los consumidores.

En agosto de 2021, incluso se destacaba que el espacio reunía productos de más de 30 emprendedores y funcionaba dentro del edificio municipal, en un lugar de circulación habitual de vecinos. La propuesta buscaba darles a esos productores una vidriera propia, con mayor exposición frente a otras opciones comerciales.

La lógica era sencilla: si el Estado local podía crear un canal para que los productos de la comunidad tuvieran más oportunidades de venta, debía hacerlo. No se trataba de una discusión sofisticada sobre modelos económicos ni de una batalla entre ideologías. Se trataba de usar una herramienta municipal para fortalecer la economía de quienes producen en el lugar.

Durante los años siguientes, la Góndola Municipal formó parte de las iniciativas productivas difundidas por la gestión. Luego perdió protagonismo en las comunicaciones oficiales. Eso no demuestra, por sí solo, que haya desaparecido ni que haya dejado de funcionar; sí deja una pregunta pendiente sobre su continuidad, sus resultados y el lugar que ocupa hoy en la política económica municipal.

Porque una política pública no debería ser apenas una foto, un anuncio o una buena frase para una publicación institucional. Si era una apuesta estratégica por los emprendedores, corresponde saber qué pasó con ella.

De la protección local al argumento del precio

La polémica actual expone una diferencia de criterios difícil de ignorar. Cuando se presentó la Góndola Municipal, el mensaje era que los productores locales necesitaban oportunidades, visibilidad y herramientas para competir. Ahora, frente a la compra de los chivos en Córdoba, el argumento central es que convenía comprar afuera.

¿Puede una gestión buscar el menor precio? Por supuesto. ¿Debe cuidar los recursos públicos? También. Pero administrar no consiste únicamente en encontrar el proveedor más barato. Implica decidir qué objetivos se persiguen con el dinero público y qué impacto se espera generar en la comunidad.

La Asociación Turística de Carpintería cuestionó precisamente que una celebración de semejante importancia no priorice a productores locales y provinciales. Su planteo no obliga a comprar en San Luis a cualquier costo, pero sí pone sobre la mesa una cuestión legítima: ¿se compararon las ofertas locales?, ¿qué diferencias de precio había?, ¿se consultó a los productores?, ¿se evaluó una compra coordinada que permitiera resolver los problemas de volumen y logística?

Si la respuesta es que no había oferta suficiente o que las condiciones eran inviables, la gestión debería mostrar los datos. Si hubo alternativas que no se exploraron, también debería explicarlo. Lo que no alcanza es invocar el libre mercado como si esa expresión cerrara automáticamente cualquier debate sobre las prioridades de un municipio.

Una veleta política con memoria selectiva

La discusión económica también tiene una dimensión política. Gastón Herrera llegó a la Intendencia en 2019 desde el MOVIPRO; en 2021 pasó a Compromiso Federal y en 2023 fue elegido por el lema Unión por San Luis, identificado con el peronismo provincial. En 2024, el gobernador Claudio Poggi manifestó públicamente su voluntad de trabajar junto al intendente, más allá de las diferencias partidarias.

Los acuerdos institucionales entre gobiernos de distinto signo no son, por sí mismos, una contradicción. De hecho, pueden ser necesarios para que las localidades consigan obras y servicios. El problema aparece cuando la identidad política parece acomodarse al viento de cada etapa y los principios que se defienden cambian según la conveniencia del momento.

Hoy, ante el cuestionamiento por la compra de los chivos, el libre mercado aparece como justificación. Y ahí la comparación con la Góndola Municipal se vuelve incómoda: ¿qué queda de aquella convicción de darle una oportunidad preferencial al productor local cuando la decisión concreta beneficia a un proveedor de otra provincia?

La crítica no es que Carpintería deba cerrarse al comercio con Córdoba. Tampoco que el municipio tenga que comprar siempre dentro de sus límites. La cuestión es otra: si el compre local fue presentado como una política importante, ¿por qué no aparece ahora como un criterio que merezca, al menos, ser evaluado antes de tomar una decisión?

La fiesta no está en discusión; la gestión, sí

Conviene dejar algo claro: la Fiesta Nacional de la Carreta y los 101 Chivos no es el problema. Es una celebración que forma parte de la identidad de Carpintería, convoca a vecinos y visitantes y genera movimiento para comerciantes, trabajadores, artistas y prestadores turísticos. Precisamente por eso, las decisiones que se toman alrededor de ella merecen una discusión seria.

La polémica tampoco se resuelve enfrentando a productores locales con quienes compran en Córdoba. La responsabilidad de establecer prioridades y explicar las decisiones es de la gestión municipal.

Herrera tiene una oportunidad concreta para despejar dudas: publicar los criterios de compra, informar las cantidades y los precios comparados, explicar qué consultas realizó en San Luis y detallar cuál es hoy la situación de la Góndola Municipal. También puede explicar si la promoción de la producción local sigue siendo una política activa o si quedó relegada frente a otras prioridades.

Porque si el objetivo es cuidar el bolsillo del vecino, hay que mostrar las cuentas completas. Y si el objetivo también es fortalecer la economía local, hay que explicar cómo se compatibilizan ambas cosas.

Al final, el problema no es que un intendente cambie de opinión ante nuevas circunstancias. Gobernar exige revisar decisiones. El problema es cambiar de argumento sin explicar qué cambió, qué se evaluó y por qué aquello que ayer se presentaba como una apuesta por los productores hoy parece quedar en segundo plano.

Herrera puede defender el libre mercado. Lo que no puede pretender es que el pueblo olvide que su propia gestión supo defender el compre local.

En Carpintería, el fuego de la fiesta todavía no se encendió por completo. Pero la pregunta ya está sobre la mesa: ¿hay una política de desarrollo local o solamente un discurso que cambia según sople el viento?

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