Tras una prolongada ausencia que generó incomodidad incluso dentro de su propio espacio, el intendente de Carpintería, Gastón Herrera, volvió a mostrarse públicamente a través de un breve video en redes sociales. El tono, monocorde y sin épica, pareció más cercano a un mensaje de despedida que a una defensa de gestión. Sin embargo, lejos de anuncios concretos, el contenido expuso una discursiva vacía, reiterativa y desconectada de la realidad que atraviesan los vecinos.

Muchos títulos, pocas ideas
Herrera habló de reformar el Código de Urbanismo Municipal y propuso un supuesto sistema de “triple control” para evitar la concentración de poder en el Ejecutivo al momento de aprobar loteos. No obstante, pocos segundos después, se contradijo a sí mismo: la instancia final sería una audiencia pública no vinculante, convocada cuando el proyecto ya esté previamente aprobado por el Ejecutivo y el Concejo Deliberante.

La pregunta es inevitable: ¿para qué escuchar al pueblo si su opinión no modifica nada?
Lejos de transparentar, la propuesta refuerza una lógica cerrada y meramente formal, más cercana a un gesto electoralista que a una verdadera participación ciudadana.

El “loteo familiar”, una promesa gastada
El intendente volvió a recurrir a su ya conocido caballito de batalla: el “loteo de fácil acceso familiar”. Una iniciativa denunciada reiteradamente por vecinos por promover lotes mínimos de 300 m², con características cercanas al hacinamiento y sin precisiones claras sobre su ubicación, que —según trascendidos— estaría próxima al antiguo basural de la localidad.

Lo más llamativo es que ese mismo loteo, que ahora dice querer “controlar”, habría sido aprobado en su momento fuera del marco legal y en contradicción con el ordenamiento urbano vigente. Además, se trata de una promesa que Herrera repite desde hace seis años, y que para buena parte de la comunidad ya pasó del hartazgo a la burla.

Más cargos, menos explicaciones
El video también incluyó el anuncio de nuevos cargos y funcionarios municipales, sin explicar el trasfondo que en los pasillos del municipio se da por conocido: rupturas internas, renuncias y denuncias de maltratos, incluso con señalamientos directos por violencia verbal. Trascendió que la Secretaría de Gobierno habría presentado su renuncia o estaría a punto de hacerlo.

Herrera aseguró que estos cambios “no generarán nuevos gastos”, una afirmación difícil de sostener en un municipio donde cada nuevo cargo implica erogaciones, salvo que —como se especula— alguien pierda su trabajo para que otro ingrese.

Un acto que nadie vio
Llamó la atención que el intendente saludara a los nuevos concejales como si hubiera existido un acto protocolar de asunción. Nadie fue informado, nadie lo vio y nadie fue convocado. Un hecho inédito para un municipio que, hasta ahora, es el único que no hizo pública una ceremonia institucional de este tipo.

Inseguridad y aumentos
Como cierre, Herrera anunció la incorporación de cinco cámaras de seguridad en una localidad que atraviesa serios problemas de inseguridad desde el inicio de su gestión. Una medida mínima frente a un problema estructural.

Pero lo más grave llegó con un sincericidio inesperado: el intendente reconoció aumentos de entre 50% y 60%, muy por encima de una inflación interanual que ronda el 37%. Todo esto en un contexto donde los vecinos padecen no solo la crisis nacional, sino también la ausencia total de políticas de desarrollo turístico y económico local.

Hace apenas un año, Herrera ya había quedado en el centro de la polémica por incrementos que en algunos casos alcanzaron tres cifras, justificándolos como un “retraso a corregir”. Hoy, la historia se repite.

Un intendente agotado
Lejos de lo que Carpintería necesita, Herrera parece transitar un momento de desgaste político profundo. La discursiva ya no alcanza, las promesas se vencieron y el vínculo con la comunidad luce quebrado. Sin elecciones en el horizonte cercano y con dos años de mandato por delante, el intendente se muestra distante, debilitado y sin rumbo, frente a una población que, en gran parte, ya no espera nada.

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