La Municipalidad de Carpintería oficializó en las últimas horas una serie de cambios en su estructura de gobierno que terminan de confirmar lo que desde hace semanas se percibía en los pasillos del poder local: una gestión atravesada por tensiones internas, desgaste político y reacomodamientos forzados.

Tal como venía adelantando El Cronista de la Costa, la salida de la secretaria de Gobierno, Viveca Hernández, era un hecho consumado en la práctica desde hacía tiempo, aunque no figurara en los papeles. Finalmente, y horas después de que este medio expusiera la situación, el Municipio emitió un comunicado confirmando su desvinculación formal.

En su reemplazo —y con un rol claramente ampliado— fue designado Sergio Zabala, quien asumirá como jefe de Gabinete. Zabala, hombre de extrema confianza del intendente Gastón Herrera y con fuerte peso en el área de Agua desde gestiones anteriores, será ahora el nexo entre las distintas áreas municipales, concentrando funciones clave y poder de decisión.

En paralelo, se anunció que Verónica Sacaba, empleada municipal desde hace años e hija de un exintendente, ocupará formalmente el cargo que deja Hernández. Sin embargo, la creación del esquema de jefatura de Gabinete deja en evidencia que ese puesto pierde centralidad real dentro del organigrama.

Otro dato que no pasó desapercibido es la incorporación de Verónica Coria, dirigente identificada con el kirchnerismo duro y figura históricamente enfrentada a Hernández dentro del propio espacio. Un movimiento que, para muchos, habla más por sus gestos que por sus palabras.

La nueva foto del gabinete refleja un cambio profundo: Herrera deja atrás parte del equipo que lo llevó al poder en 2019 y apuesta por figuras que hasta ahora orbitaban en un segundo plano. Resta saber si este recambio responde a una estrategia de fortalecimiento o a una gestión que intenta sostenerse en medio de su propio desgaste.

Incluso la imagen personal del intendente parece acompañar el giro: trajes formales, estética sobria y un mensaje que busca transmitir orden y control. ¿Alcanza un cambio de forma cuando el fondo muestra signos de agotamiento?

Lo cierto es que la reconfiguración confirma una etapa de decadencia política, con decisiones reactivas y un oficialismo que intenta rearmarse en el tramo final del mandato. El tiempo dirá si se trata de un relanzamiento real o de un último intento por estirar una gestión que muestra claros signos de ocaso.

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