A pocas horas de las fiestas, cuando el movimiento comercial suele ser un pequeño salvavidas para vecinos y comerciantes, Carpintería atraviesa uno de sus momentos más deslucidos desde lo económico y lo institucional. Mientras en municipios vecinos se anuncian pagos anticipados, bonos, aguinaldos y medidas concretas para sostener el consumo interno, en esta localidad la única señal visible de gestión son guirnaldas y luces decorativas. Nada más.

Desde la administración de Gastón Herrera, la falta de decisiones comienza a sentirse con fuerza. No hubo anuncios de apoyo real a los empleados municipales, ni medidas de alivio para un comercio local que llega exhausto a fin de año. El contraste es evidente: donde otros intendentes muestran gestión, previsión y muñeca política, en Carpintería reina la inacción.

La situación ya no se comenta en voz baja. Son decenas los comerciantes y vecinos que comenzaron a expresarse públicamente, en redes sociales y en la calle, sin temor. El diagnóstico se repite: desorden, ausencia de ideas y una gestión que perdió el rumbo. Lo que alguna vez fue presentado como superávit hoy parece haberse diluido en una economía local paralizada y sin estímulos.

“No hay bono, no hay medidas, no hay paliativos”, repiten desde el sector comercial. Y el enojo crece cuando observan que el tiempo —ese recurso que no vuelve— se desperdició en decisiones estéticas mientras la actividad económica se apaga. Para muchos, Carpintería se ha transformado en una “tierra de nadie”, donde el esfuerzo privado no encuentra respaldo público.

Las fiestas suelen ser una oportunidad para acompañar, ordenar y dar señales claras. Este año, en Carpintería, las luces brillan… pero no alcanzan a tapar la oscuridad de una gestión sin respuestas.

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