La Unión de Productores y Productoras Caprinos se sumó al repudio por la compra de los animales en Córdoba para la Fiesta Nacional de la Carreta y los 101 Chivos. La organización asegura que en otras ediciones logró abastecer el evento con producción local y cuestiona que el Municipio vuelva a mirar hacia afuera.

La polémica por la compra de los chivos para la Fiesta Nacional de la Carreta y los 101 Chivos sumó este miércoles un nuevo capítulo. Y esta vez el reclamo llegó desde uno de los sectores directamente involucrados: la Unión de Productores y Productoras Caprinos (UPROC) se sumó al cuestionamiento contra la decisión del Municipio de Carpintería de adquirir los animales en Quilino, Córdoba.
La discusión, que comenzó con el fuerte rechazo de la Asociación Turística de Carpintería, empieza así a tomar otra dimensión. Ya no se trata solamente de comerciantes, prestadores turísticos o instituciones que reclaman por el impacto económico de la decisión: ahora una organización de productores afirma que sí hubo experiencias concretas de abastecimiento local para esta misma fiesta.
Y eso vuelve a poner a la gestión de Gastón Herrera frente a una pregunta bastante incómoda.
Los productores dicen que ya demostraron que se puede
En su comunicado, UPROC cuestionó que el Municipio “vuelve a ignorarnos” y recordó que la organización participó en la provisión de chivos para la fiesta en 2016, 2022 y 2023.
Según plantearon, esas experiencias permitieron garantizar producción local y demostrar que, con organización y acompañamiento institucional, era posible abastecer el evento sin trasladar necesariamente la compra fuera de la provincia.
El planteo contradice uno de los argumentos que apareció en la discusión pública alrededor de la compra de este año: que la producción local no tendría capacidad suficiente para resolver una operación de estas características.
El propio Municipio sostuvo que la compra en Quilino permitió obtener un precio “muy competitivo” y mantener en $40.000 el valor de la tarjeta. También se difundió como argumento la dificultad logística para entregar más de 200 animales en simultáneo y con las condiciones requeridas.
Pero ahora UPROC introduce otro dato: la experiencia ya existió.
El problema ya no es solamente dónde se compraron los chivos
La primera reacción había llegado de la Asociación Turística de Carpintería, que cuestionó que una fiesta con semejante impacto turístico y económico dejara fuera a productores de San Luis.
Ahora, UPROC reclama que tanto el Municipio como el Ministerio de Turismo revisen el criterio utilizado y convoquen a los productores y sus organizaciones para buscar alternativas que permitan que la celebración también funcione como una herramienta de fortalecimiento de la producción local.
El planteo no cuestiona la realización de la fiesta. Todo lo contrario: reclama que una celebración que lleva el nombre y la identidad de Carpintería pueda generar también oportunidades para quienes producen en la zona.
Y ahí aparece el verdadero problema para la gestión Herrera.
¿La solución más barata o la salida más fácil?
El Municipio tiene derecho a buscar el mejor precio y a cuidar el costo final de una fiesta que pretende convocar a vecinos y turistas.
Pero una administración pública también puede ser cuestionada por qué criterio utiliza cuando decide dónde gastar los recursos de una fiesta que pretende generar movimiento económico en su propia localidad.
La pregunta, entonces, dejó de ser solamente cuánto costó cada chivo.
La pregunta es otra: ¿la gestión buscó todas las alternativas posibles para comprar localmente o directamente eligió la opción que le resultaba más sencilla?
Y cuanto más aparecen voces del sector productivo, más difícil resulta responder esa pregunta con una simple explicación sobre precios.
Una fiesta que no debería convertirse en una pelea contra los productores
Hay una ironía difícil de ignorar.
La Fiesta Nacional de la Carreta y los 101 Chivos es uno de los acontecimientos que mayor movimiento genera en Carpintería. En ediciones anteriores llegó a convocar a miles de personas y fue presentada como una actividad capaz de dinamizar el turismo y la economía local.
Este año, sin embargo, antes de que comiencen los festejos, el Municipio ya quedó en el centro de una discusión con quienes producen justamente el producto que da nombre a la celebración.
Y el problema no parece ser la existencia de una dificultad logística o la necesidad de conseguir un determinado volumen.
El problema es cómo se comunica y cómo se construye la relación con quienes están del otro lado de la decisión.
Porque si existen productores que reclaman ser escuchados, organizaciones que dicen haber abastecido la fiesta en otras oportunidades y sectores comerciales que piden priorizar el derrame económico local, responder desde las redes sociales con una lógica de “acá está la solución y punto” puede ser mucho más fácil que sentarse a discutir alternativas.
Pero gobernar, justamente, debería consistir en lo contrario.
Herrera tiene una oportunidad para explicar
El intendente Gastón Herrera todavía tiene una salida sencilla: explicar con números y argumentos por qué la producción local no podía abastecer la fiesta este año, cuánto se ahorró efectivamente con la compra en Córdoba y qué alternativas fueron evaluadas antes de tomar la decisión.
Eso sería bastante más útil que convertir cada cuestionamiento en una nueva batalla.
Porque Carpintería no necesita una pelea.
Necesita que su fiesta sea un éxito, que lleguen turistas, que trabajen los comerciantes, que los productores puedan vender, que los prestadores tengan movimiento y que la comunidad pueda sentirse parte de una celebración que lleva el nombre de su pueblo.
Y si Herrera está tan seguro de que la decisión fue la correcta, entonces tiene una excelente oportunidad para demostrarlo.
Con datos.
Con números.
Y, sobre todo, sentándose a discutir con quienes hoy le están reclamando que los escuche.
Porque quizás el problema de esta historia nunca fueron los chivos.
Quizás el problema es que, una vez más, alguien decidió que era más fácil comprar afuera que sentarse a hablar adentro.
