Las compañías sellaron una operación clave en la industria alimenticia argentina. La compra total de Mastellone Hermanos marca un nuevo esquema para el negocio lácteo en el país.

El mapa de la industria láctea argentina acaba de reconfigurarse. Los grupos Arcor y Danone concretaron la compra del 100% de Mastellone Hermanos, firma propietaria de la histórica marca La Serenísima.

La operación se realizó a través de Bagley Argentina, sociedad compartida entre ambas compañías, que adquirió el paquete accionario restante que estaba en manos de la familia fundadora y de inversores privados. Con este paso, ambas empresas consolidan el control total del negocio.

Un movimiento estratégico en el mercado lácteo

La adquisición responde a un proceso iniciado hace más de una década, que contemplaba la posibilidad de avanzar de manera progresiva hasta alcanzar el control total de la compañía.

El cierre definitivo de la operación quedará sujeto a las aprobaciones regulatorias correspondientes. Una vez completado ese paso, se avanzará en la conformación de una nueva estructura empresarial que integrará producción, logística y comercialización.

El objetivo central es optimizar toda la cadena láctea, desde la materia prima hasta el consumidor final, y fortalecer la presencia en el mercado argentino.

Integración de operaciones y producción

El nuevo esquema permitirá unificar distintas áreas que hasta ahora operaban de manera separada. Por un lado, Mastellone concentraba la producción de lácteos básicos, mientras que Danone gestionaba productos de mayor valor agregado.

Con esta integración, la nueva sociedad pasará a operar once plantas industriales y abarcará toda la línea de productos: leche, quesos, yogures, manteca, postres y dulce de leche, entre otros.

La apuesta está puesta en mejorar la eficiencia, potenciar la innovación y ampliar la llegada al consumidor.

Un acuerdo de largo recorrido

El camino hacia este acuerdo comenzó hace más de 15 años, atravesando distintas instancias de negociación y ajustes en la valuación de la empresa.

El punto de inflexión se dio en 2015, cuando se estableció una opción de compra que habilitaba avanzar hacia el control total. Sin embargo, la ejecución de esa cláusula generó tensiones recientes por el valor de las acciones, lo que demoró el cierre definitivo.

Superadas esas diferencias, la operación se concretó y marca uno de los movimientos más relevantes del sector alimenticio en los últimos años.

Señales hacia el futuro del sector

Desde ambas compañías destacaron el carácter estratégico de la operación, vinculándola con una visión de crecimiento a largo plazo en Argentina y la región.

La integración de capacidades productivas y comerciales apunta a consolidar un modelo más competitivo en un contexto económico desafiante, donde la eficiencia y la escala se vuelven factores determinantes.

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