La mora del sistema financiero cerró 2025 en 5,5%, con un deterioro marcado en los créditos a personas. El problema es más grave fuera de la banca tradicional, donde la irregularidad supera el 22%. El fenómeno expone tensiones en los ingresos familiares y un cambio profundo en el modelo financiero.

El sistema financiero argentino encendió una señal de alerta tras conocerse los últimos datos oficiales sobre morosidad. Según el informe más reciente del Banco Central de la República Argentina, el índice general de irregularidad en el pago de créditos al sector privado trepó al 5,5% a fines de 2025, consolidando una tendencia ascendente sostenida.
El deterioro no es homogéneo: mientras la mora empresarial se mantiene en niveles relativamente bajos, los hogares muestran un impacto mucho más profundo, con un aumento significativo en los atrasos de pago.
La morosidad golpea con más fuerza a las familias
De acuerdo a los datos oficiales, la irregularidad en los préstamos a empresas se ubicó en 2,5%, pero en el caso de las personas físicas el índice escaló hasta el 9,3%. Esto significa que más de nueve de cada cien familias presentan dificultades para cumplir con sus compromisos financieros.
El fenómeno se explica, en gran parte, por el crecimiento del crédito a los hogares durante el último año, especialmente en préstamos personales y prendarios, que ganaron peso dentro del balance de los bancos.
Tasas altas, inflación y salarios rezagados
El informe advierte que el aumento de la morosidad responde a una combinación de factores. Las tasas de interés aún elevadas, la persistencia de la inflación y la falta de una recomposición sostenida de los salarios presionan sobre la capacidad de pago de los trabajadores.
En ese contexto, el endeudamiento familiar se volvió más riesgoso, incluso cuando el crédito mostró un crecimiento significativo. Durante 2025, el financiamiento al sector privado registró una suba del 36,9% en términos reales, considerando operaciones en pesos y dólares.
Alerta máxima en el sistema no bancario
Si bien el Banco Central sostiene que los niveles de mora dentro de la banca tradicional se mantienen por debajo de los picos registrados en crisis anteriores, el panorama cambia drásticamente fuera del circuito bancario formal.
En entidades no bancarias —como mutuales, cooperativas y financieras orientadas al crédito al consumo— la irregularidad en los pagos alcanzó un preocupante 22,8%. Este segmento concentra a los sectores más vulnerables de la población, que suelen quedar excluidos del sistema bancarizado y recurren a alternativas con mayores costos financieros.
Un cambio de época en el sistema financiero
El incremento de la morosidad se produce en paralelo a una transformación estructural del negocio bancario, impulsada por la actual política económica del gobierno de Javier Milei.
Hoy, el crédito a empresas y familias representa el 43,9% del activo total de las entidades financieras, desplazando al financiamiento al sector público —como Leliqs, pases y bonos del Tesoro— que había dominado los balances durante la gestión de Alberto Fernández.
El nuevo escenario plantea un desafío doble: sostener el crecimiento del crédito sin profundizar el deterioro social que refleja el aumento de la morosidad, especialmente en los hogares.
